Si tienes una empresa pequeña, las dificultades que se te presentarán en la competición serán mayores por enfrentarte a compañías más grandes y veteranas que la tuya.

Competir contra grandes jugadores puede ser un buen acicate para la motivación. Sin embargo, hay algo que puede resultar perjudicial para tu empresa cuando se trata de la competición: imitar lo que hace el líder en el mercado. Nunca hagas lo mismo que la competencia.

Se suele decir que la imitación es la forma más sincera de adulación. Aunque la imitación y la adulación pueden no suponer problemas entre amigos, como estrategia para desarrollar una empresa exitosa resultan totalmente erróneas. Ten en cuenta que las grandes compañías de hoy en día nunca imitaron ni adularon a las grandes empresas contra las que competían entonces:

Facebook se convirtió en la principal red social a pesar de no ser la única de entonces (también estaban, entre otras, MySpace y Friendster). Hasta que llegó Google, el mercado de motores de búsquedas lo dominaban MSN, Yahoo y Ask Jeeves. Nadie pensó que el mundo le haría hueco a otro fabricante de vehículos hasta que se fundó Tesla.

¿Cuál es el único aspecto que tienen en común todas estas empresas?

Todas ellas resolvieron sus respectivos problemas de forma distinta a las de la competencia establecida. En otras palabras: decidieron crear en lugar de copiar.

Muchas nuevas empresas son meras réplicas con precios ligeramente más bajos que prometen más funciones. Ninguno de los titanes de hoy en día ha seguido nunca semejante estrategia. De hecho, estas empresas crecieron hasta convertirse el líderes teniendo menos funciones e incluso con precios más elevados.

No ajustarse a un molde concreto

Las empresas más rápidas de la actualidad están alcanzando cifras meteóricas y es, precisamente, porque están resolviendo sus problemas de una forma completamente distinta a cualquiera que se haya utilizado antes. Esto es posible únicamente cuando se ignora a la competencia y se da con la forma de resolver el problema con un método distinto. Fíjate en cualquier empresa actual con una trayectoria de crecimiento rápido y descubrirás algunos aspectos clave en los que se desenvuelven de manera distinta a las demás empresas.

Ese es justo el inconveniente que supone imitar a la competencia: el condenarse, sin quererlo, a enfrentarse a las mismas dificultades y a cometer los mismos errores. Esto suprime tu propia capacidad de innovación, pues la imitación nunca es sinónimo de innovación. De hecho, los aspectos más comunes suelen ser básicamente imitaciones de otros y, además, siguen siendo los mismos siempre, ya que nadie repara en por qué se crearon de aquella manera en un principio.

Otra trampa que supone imitar a la competencia es que te encontrarás sujeto a las mismas vulnerabilidades que el competidor en cuestión. Por ejemplo, si le copias a un competidor su mismo modelo empresarial, ambos os arriesgáis a sufrir interrupciones en caso de que cambien las condiciones del mercado. Lo mismo ocurre con los conjuntos de funciones. Si la tecnología cambia rápidamente (que lo hace), es posible que veas que tú y tu competidor os peleáis por adaptaros y, con suerte, recuperaros.

Dejar abierta la puerta del mercado

Por último, al copiar las acciones de la competencia, se baja el listón a los nuevos participantes en el mercado. Las imitaciones en el entorno competitivo favorecen todo tipo de elemento disruptivo. Además, crear la capacidad para diferenciar resulta infinitamente más fácil cuando existen tantas semejanzas entre los jugadores clave en el mercado.

Hemos observado todas estas dinámicas en Webconnex cuando entramos en el (aparentemente abarrotado) espacio de software de registro, soporte y recaudación de fondos. No eran pocas las réplicas fuera del mercado. Aparte de que los logotipos eran distintos, el modelo y la oferta eran básicamente los mismos entre muchos de los proveedores principales. Basándonos en esta falta de diferenciación en el mercado, nos decantamos por una ruta completamente distinta e ignoramos a la competencia intencionadamente añadiendo funciones que aún no existían. La recompensa ha sido sorprendente, ya que cada año nuestra empresa duplica su tamaño.

La próxima vez que tengas que resolver un problema, diseñar una función o iniciar una idea, mira a ver si se te ocurren ideas sin tener que consultar cualquier cosa que otros hayan hecho en el pasado. De hacerlo, es posible que experimentes un avance de enfoque o metodología superior a cualquier otra solución disponible. Esto es de vital importancia, ya que las empresas que creen nuestro futuro y le den forma no serán las copias de la oferta actual. Las grandes empresas del mañana resolverán los mismos problemas que siempre hemos tenido, pero lo harán de forma distinta porque no hicieron lo mismo que el líder.