Tu impacto en el mercado suele estar directamente relacionado con la velocidad. Uno de los principios fundamentales más populares de las pequeñas empresas en este momento es: “Las ideas importan, pero la ejecución es crítica”.

Dicho de otra forma, tu gran idea solo es tan grande como la capacidad que tengas de comercializarla rápidamente. En la actualidad, la tecnología y los mercados cambian más rápido que nunca. Si quieres seguir siendo competitivo, debes saber cómo ajustarte, adaptarte y crear cosas con rapidez.

Con unas metas tan altas para lograr el éxito en un entorno tan competitivo, ¿cómo puede alguien liderar a un equipo para que desarrolle rápidamente y lance productos y servicios que gusten a los clientes?

Nuestra empresa, que desarrolla software para el registro de eventos y la recaudación de fondos, sabe bien de qué se trata este desafío. No solo nos enfrentamos a una férrea competencia, nuestro mercado está en constante cambio y evolución con nuevas tecnologías y tendencias. Aun así, nuestro pequeño equipo de menos de 20 empleados lo está consiguiendo y está triplicando su crecimiento; todo ello sin invertir un solo céntimo de capital de riesgo.

Nuestro secreto es nuestra metodología. A continuación, indicamos cinco formas en las que nuestra metodología nos está ayudando a superar a la competencia y permanecer a la cabeza del mercado. Estas disciplinas funcionarán en cualquier proyecto, sea cual sea su envergadura. Las empleamos para desarrollar nuevas y pequeñas funciones, que solo requieren una semana, y también para rediseñar nuestra versión de software completa, lo que nos llevó más de un año.

¿Cuál es el único aspecto que tienen en común todas estas empresas?

Todas ellas resolvieron sus respectivos problemas de forma distinta a las de la competencia establecida. En otras palabras: decidieron crear en lugar de copiar.

1. No te desvíes de la misión

Cuando creas cosas importantes, inevitablemente, tu equipo tendrá revelaciones sobre funciones, ideas y extensiones adicionales para tu producto. El deseo se centrará en dedicar recursos a explorarlas y, si fuera posible, desarrollarlas. Estas revelaciones pueden cambiar las reglas del juego o desaparecer. No te desvíes de la misión ni dejes que tu equipo se distraiga durante demasiado tiempo con ninguna nueva idea. Si algo es realmente tan bueno como para dejarlo pasar, designa a un par de miembros del equipo, con un tiempo límite, para que desarrollen una prueba del concepto que justifique una futura consideración.

2. Resiste la tentación de refactorizar

Cuanto más tiempo dure la hoja de ruta de tu proyecto, más probabilidades hay de que te enfrentes a la tentación de refactorizar tareas ya completadas. Esto se debe a que tu equipo descubrirá mejores técnicas, modelos y eficiencias conforme avance el proyecto. Esta tentación de refactorización puede hacer fracasar tu creación, ya que ocasionaría una reacción en cadena en la totalidad del proyecto. La refactorización de una parte puede conducir a la de todas las demás partes.

3. Desarrolla “deseables” al final

Cada proyecto está lleno de funciones deseables. Algunas de ellas pueden parecer imprescindibles. Pero, en realidad, pueden esperar. Por ejemplo, lanzamos la nueva versión de nuestro software sin la capacidad de solicitar un link en caso de haberse olvidado la contraseña. Si bien no era una característica compleja, sí consideramos que podía añadirse posteriormente o de forma manual. No solo prácticamente ningún usuario lo advirtió, sino que, además, logramos comercializar el software mucho más rápido.

4. Recuerda que tener algo hecho, es mejor que que sea perfecto

Reid Hoffman, fundador de LinkedIn dijo una vez: “Si no te sientes avergonzado de la primera versión de tu producto, entonces lo has lanzado demasiado tarde”. Date cuenta de que tu proyecto jamás será perfecto. Es mejor lanzar un producto con imperfecciones, porque si esperas a que sea perfecto, puede que pierdas tu oportunidad de mercado.

5. Consigue una versión beta rápido

Céntrate en llevar las ideas sobre tu proyecto a estados funcionales lo antes posible, incluso si solo se trata de pequeñas piezas. De esta forma, no solo aumentarás el entusiasmo del equipo, sino que podrás empezar a realizar pruebas y explorar con los clientes. No pienses en tu producto como una única línea de meta; imagina que tiene decenas de ellas. Cada vez que atraviesas una, creas un impulso (ingrediente fundamental a la hora de concluir un proyecto a tiempo y ajustándote al presupuesto).

Estas disciplinas de tu metodología te ayudarán a centrarte en la ejecución y en la comercialización de tus ideas lo antes posible. Para ello, necesitas que todo el equipo se centre en lo más importante: materializar las ideas.